En plena cuaresma y con la Semana Santa en el horizonte es hora de ir haciendo hueco en el estómago para esta delicia gastronómica patria.

Para ir al origen de esta tostada de pan dulce debemos remontarnos al siglo XV, en el que al parecer se utilizaban las torrijas como alimento reconstituyente para las mujeres que acababan de dar a luz, gracias a su alto contenido calórico. De ahí, que sea un alimento que se asocie a épocas de restricción alimenticia.

Otros, sin embargo, relacionan su origen al puro instinto de supervivencia. Ya que en épocas de estrecheces económica, el pan duro era uno de los principales alimentos del menú familiar.

Sea como fuere, la receta actual de las torrijas no dista mucho de los preceptos primigenios. Y aunque se imponen conceptos cada vez más atrevidos, la torrija es un dulce que se hace con ingredientes de andar por casa:

    Pan.
    Leche.
    Azúcar.
    Canela en rama.
    Huevos.
    Aceite de oliva
    Canela en polvo y limón.

Normalmente, y digo normalmente porque sé que hay tantas variaciones de esta receta como personas hay en el mundo, la torrija tradicional se baña en leche hervida con canela y limón antes de embadurnarla en huevo y freírla en abundante aceite de oliva. Hay quienes prefieren endulzar las torrijas con vino o miel, del cual se obtiene un producto más almibarado (típico del sur de España).
Historia y receta de las torrijas

Reivindicamos el derecho de que cada uno disfrute libremente de una buena torrija, independientemente de su receta. Ya que no queremos con este post crear un debate como el de la tortilla con o sin cebolla.

Y a ti, ¿cómo te gustan las torrijas?

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